Llegamos al hotel y me tire en la
cama, a pesar de que estábamos en Londres decidimos quedarnos en el hotel pues
la casa de Henry estaba al otro lado de la ciudad y estábamos muy cansados para
viajar. Me quede mucho tiempo tirada en la cama boca arriba mirando el techo y
recordando una y otra vez el momento en el que vi a Paul, Henry entro a bañarse
y salió, Sara también y yo seguía ahí inerte, en eso sonó el teléfono, era Paul,
le dijo a Henry que fuera a su habitación, le dio el número y el piso
-te llamo Paul –me dijo Henry que
estaba parado en el marco de la puerta mirándome en la misma posición en la
cama
-¿Qué dijo? –me levante
-que te espera en su habitación,
esta es –me dio un papel, me levante nerviosa y comencé a caminar de un lado a
otro, me metí a bañar me peine y maquille, me puse un vestido negro con mangas tres
cuartos y de falda corta, muy corta y unas zapatillas del mismo color, le dije
a Sara que si quería ir y de inmediato se alisto, esperaba este momento desde
el día que supo que conocía a los chicos, salimos del cuarto con toda la suerte
que Henry nos pudo dar, caminamos hacia el ascensor
-¿crees que este restringido su
piso? Escuche decir que cuando fueron a estados unidos desocuparon todo el piso
solo para ellos, y tenían un policía en cada entrada de los ascensores y
escaleras –me contaba Sara mientras yo pedía el ascensor
-no lo sé Sara, puede ser pero no
te preocupes que nos dejaran pasar –entramos al ascensor
-Sara como me veo –la mire de
frente
-Michelle te vez hermosa –me miro
sonriente -¿y yo?
-también tú, te vez muy guapa –le
dije mientras la codeaba, en eso se abrió el ascensor y estaba un guardia en la
puerta
-¿disculpen señoritas a dónde van?
–pregunto
-oh vamos con los chicos, soy
Michelle Harris –el guardia me miro de pies a cabeza y me reconoció, miro un
cuaderno y nos dejó pasar al pasillo
-vaya tu nombre comienza a tener
poder –me decía Sara
-cállate no digas tonterías, se fijó
si teníamos permiso de entrar ¿no viste? –le dije entre risas, entonces
encontramos el cuarto
-¿es este? –pregunto Sara
-sí, este –respiramos hondo y
toque, después de un momento abrieron la puerta, era Neil
-pasen –dijo sonriente, entre y
todos estaban sentados en la sala estaban platicando y riendo de lo más a gusto
y al vernos se levantaron a saludar
-que sorpresa –me abrazo John
-me da gusto verlos así –dije al
borde de las lagrimas
-¿así como? –pregunto George
-así, todos felices, me acuerdo de
los viejos tiempos, en serio que me da gusto estar con ustedes –comencé a
llorar y George me abrazaría y John también
-no llores bonita, mira es para
estar alegres –me decía George
-si Michelle, es para alegrarse –se
acercó Paul y John y George se alejarían
-Paul –dije secando mis lágrimas
-no sabes el gusto que me da que
hayas venido, ven –me tomo de la mano y mire a Sara
-chicos sáquenle platica a Sara
–dije entre risas y John de inmediato le dijo que se sentara con ellos, ella
simplemente estaba que no cabía en gozo, entramos a otra pequeña sala, ahí
estaban más instrumentos de ellos, y un piano, el silencio era algo incómodo,
se escuchaba a lo lejos las risas de John y las voces de los demás
-bien pues por donde empezamos –me
pregunto Paul mientras se sentaba en el piano y comenzaba a tocar una melodía
suave, yo me quede ahí mirándolo
-pues por el principio –suspire y
lo mire, él se volteó a verme sin levantarse del banco
-¿Por qué te fuiste? –me pregunto
-Paul, yo no me fui, yo fui
obligada por mi padre ¿Qué no te lo dijeron? –él se quedó en silencio y miro el
piso
-si Michelle, pero tu padre me dijo
que… -lo interrumpí
-mi padre, tu sabes más que nadie
que mi padre quería separarme de ti, tu más que nadie sabes eso Paul, yo no
quería irme, quería estar contigo –me acerque a él y me hinque en el piso para
estar a su altura, el me miro con recelo
-yo dure muchos años creyendo que
te habías ido por tu propia voluntad –me miro bastante serio
-¿me creías capas? –tenía ganas de
llorar
-pues… no se –me levante y me gire
dándole la espalda, cruce los brazos y me reí
-no puedo creer Paul que hayas creído
en esa historia barata de mi padre, nadie la creyó y al parecer tu si
-¿Por qué nunca me llamaste? –me
pregunto molesto y levantándose del banco
-¿llamarte? ¿Llamarte Paul? ¿Cómo?
Estaba en un internado donde te prohibían hasta respirar fuerte, en serio no
sabes por todo lo que pase en ese lugar, eran muy duros ahí, no me dejaban leer
revistas, periódicos, no veía televisión ni escuchaba el radio, no podía hacer
nada más que mis labores, esa maldita palabra la tengo marcada en la cabeza
“tienes que hacer tus labores”, Paul créeme que si me hubieran permitido hacer
una llamada al primero que le hubiera hablado seria a ti –mis lágrimas brotaban
solas y Paul me miraba algo consternado
No hay comentarios:
Publicar un comentario