sábado, 26 de agosto de 2017

29

Llegamos al hotel y me tire en la cama, a pesar de que estábamos en Londres decidimos quedarnos en el hotel pues la casa de Henry estaba al otro lado de la ciudad y estábamos muy cansados para viajar. Me quede mucho tiempo tirada en la cama boca arriba mirando el techo y recordando una y otra vez el momento en el que vi a Paul, Henry entro a bañarse y salió, Sara también y yo seguía ahí inerte, en eso sonó el teléfono, era Paul, le dijo a Henry que fuera a su habitación, le dio el número y el piso
-te llamo Paul –me dijo Henry que estaba parado en el marco de la puerta mirándome en la misma posición en la cama
-¿Qué dijo? –me levante
-que te espera en su habitación, esta es –me dio un papel, me levante nerviosa y comencé a caminar de un lado a otro, me metí a bañar me peine y maquille, me puse un vestido negro con mangas tres cuartos y de falda corta, muy corta y unas zapatillas del mismo color, le dije a Sara que si quería ir y de inmediato se alisto, esperaba este momento desde el día que supo que conocía a los chicos, salimos del cuarto con toda la suerte que Henry nos pudo dar, caminamos hacia el ascensor
-¿crees que este restringido su piso? Escuche decir que cuando fueron a estados unidos desocuparon todo el piso solo para ellos, y tenían un policía en cada entrada de los ascensores y escaleras –me contaba Sara mientras yo pedía el ascensor
-no lo sé Sara, puede ser pero no te preocupes que nos dejaran pasar –entramos al ascensor
-Sara como me veo –la mire de frente
-Michelle te vez hermosa –me miro sonriente -¿y yo?
-también tú, te vez muy guapa –le dije mientras la codeaba, en eso se abrió el ascensor y estaba un guardia en la puerta
-¿disculpen señoritas a dónde van? –pregunto
-oh vamos con los chicos, soy Michelle Harris –el guardia me miro de pies a cabeza y me reconoció, miro un cuaderno y nos dejó pasar al pasillo
-vaya tu nombre comienza a tener poder –me decía Sara
-cállate no digas tonterías, se fijó si teníamos permiso de entrar ¿no viste? –le dije entre risas, entonces encontramos el cuarto
-¿es este? –pregunto Sara
-sí, este –respiramos hondo y toque, después de un momento abrieron la puerta, era Neil
-pasen –dijo sonriente, entre y todos estaban sentados en la sala estaban platicando y riendo de lo más a gusto y al vernos se levantaron a saludar
-que sorpresa –me abrazo John
-me da gusto verlos así –dije al borde de las lagrimas
-¿así como? –pregunto George
-así, todos felices, me acuerdo de los viejos tiempos, en serio que me da gusto estar con ustedes –comencé a llorar y George me abrazaría y John también
-no llores bonita, mira es para estar alegres –me decía George
-si Michelle, es para alegrarse –se acercó Paul y John y George se alejarían
-Paul –dije secando mis lágrimas
-no sabes el gusto que me da que hayas venido, ven –me tomo de la mano y mire a Sara
-chicos sáquenle platica a Sara –dije entre risas y John de inmediato le dijo que se sentara con ellos, ella simplemente estaba que no cabía en gozo, entramos a otra pequeña sala, ahí estaban más instrumentos de ellos, y un piano, el silencio era algo incómodo, se escuchaba a lo lejos las risas de John y las voces de los demás
-bien pues por donde empezamos –me pregunto Paul mientras se sentaba en el piano y comenzaba a tocar una melodía suave, yo me quede ahí mirándolo
-pues por el principio –suspire y lo mire, él se volteó a verme sin levantarse del banco
-¿Por qué te fuiste? –me pregunto
-Paul, yo no me fui, yo fui obligada por mi padre ¿Qué no te lo dijeron? –él se quedó en silencio y miro el piso
-si Michelle, pero tu padre me dijo que… -lo interrumpí
-mi padre, tu sabes más que nadie que mi padre quería separarme de ti, tu más que nadie sabes eso Paul, yo no quería irme, quería estar contigo –me acerque a él y me hinque en el piso para estar a su altura, el me miro con recelo
-yo dure muchos años creyendo que te habías ido por tu propia voluntad –me miro bastante serio
-¿me creías capas? –tenía ganas de llorar
-pues… no se –me levante y me gire dándole la espalda, cruce los brazos y me reí
-no puedo creer Paul que hayas creído en esa historia barata de mi padre, nadie la creyó y al parecer tu si
-¿Por qué nunca me llamaste? –me pregunto molesto y levantándose del banco


-¿llamarte? ¿Llamarte Paul? ¿Cómo? Estaba en un internado donde te prohibían hasta respirar fuerte, en serio no sabes por todo lo que pase en ese lugar, eran muy duros ahí, no me dejaban leer revistas, periódicos, no veía televisión ni escuchaba el radio, no podía hacer nada más que mis labores, esa maldita palabra la tengo marcada en la cabeza “tienes que hacer tus labores”, Paul créeme que si me hubieran permitido hacer una llamada al primero que le hubiera hablado seria a ti –mis lágrimas brotaban solas y Paul me miraba algo consternado 

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