Octubre de 1963, acababa de cumplir 21 años, después de casi 6 años de estar en un
internado en Noruega volvía a Inglaterra. Tenía muchos resentimientos con mis
padres, aun lo recordaba y las lágrimas me salían de la nada… -por qué me hicieron
esto- seguía pensándolo después de 6 años no lograba superarlo, lo amaba… y
nunca lo volvería a ver… al menos eso creía en ese momento. En todo ese lapso
de tiempo me perdí de muchas cosas de la vida exterior, en ese maldito lugar
solo se podía estudiar y no se podía escuchar ni ver nada porque decían las
madres del internado que perturbaba nuestros estudios, ¡vaya ideas de viejas
malditas!, si mi madre me escuchara decir eso me mataba aunque ya lo había
hecho hace 6 años atrás al mandarme a ese estúpido internado de mujeres. Llovía
como pocas veces había visto llover, el taxi se detuvo en mi casa y no reaccione de momento hasta que el señor taxista se giró a mí para repetirme que
habíamos llegado
-oh perdón, ¿Cuánto le debo? –saque mi cartera de mi bolso
-100 –lo mire seria y abrí mis ojos de impresión
-¿Qué? Pero si no fue mucha la distancia es un disparate lo que
me está cobrando, bueno no quiero discutir con usted y ahí tiene su dinero –me
baje del taxi enojada azotando la puerta, de inmediato el taxista se bajó con
migo y saco mis maletas de la cajuela para después decirme enojona, no era el
primero, yo tenía esa costumbre de refunfuñar de esa manera creo que era de
herencia y lo peor del caso es que al final yo sola me daba cuenta que mi discusión
era en vano al tener siempre la razón la otra persona. Me acerque a la puerta
para tocar sin antes refunfuñar, ¡odiaba esto! Odiaba tener que ver a mis
padres después de lo que me hicieron sufrir y de lo que le hicieron sufrir a él…
me preguntaba en donde estará, que será de él, quería verlo pero tenía miedo
que de nuevo me mandaran a un internado aún más lejos. Era increíble que
después de tantos años aun lo amara con la misma intensidad de siempre, ya lo
decía yo que era un verdadero amor y no solo niñerías como mi padre nos lo dijo
aquella tarde de enero de 1957… el peor día de toda mi vida, en eso se abrió la
puerta sin que hubiese tocado
-¿Michelle? –me llamaba una voz femenina al instante supe que
era mi madre
-si madre soy yo –dije casi sin mirarla, ella de inmediato se lanzó
a abrazarme, al parecer a ella ya se le habían borrado todos los resentimientos
-me alegro de que estés aquí –me levantaba casi del piso
-oh que bien, porque yo no –dije con enfado
-Michelle por favor no me digas que… -la interrumpí
-pues aunque te parezca increíble aún estoy muy dolida con
ustedes –tome mis maletas y entre a la casa, no vi a nadie, ni si quiera a mi
hermana. Supuse que mi padre estaba trabajando, mejor porque no lo quería ver
de nuevo, por lo menos en estos momentos
-hija, tengo algo que decirte, y no sé cómo lo vayas a tomar,
no te pudimos avisar por que el reglamento del internado era muy estricto, no
nos dejaron avisarte –su voz me preocupo
-¿Qué paso madre? –deje mis maletas en la sala y me acerque a
ella algo preocupada por cómo se puso, entonces comenzaría a llorar -¡mamá!
Dime que ocurre –le exigí
-hace 5 años tu padre choco en la carretera y… el murió –me
sentí sumamente extraña, sentí un nudo en la garganta y me sentí mal, creí que
era mi culpa pues yo le había deseado la muerte hace mucho, creo que todos en
algún momento de coraje contra los padres les deseas eso para que así te dejen
en paz, pero cuando vez la realidad te das cuenta de las estupideces que dices.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y comenzaron a brotar, mi madre me abrazo
fuertemente haciendo nuestro llanto uno solo
-no puedo creer que no me hayan avisado mamá –le dije furiosa
-perdón hija pero no nos lo permitieron, aparte no te dejarían
venir –me enoje mucho
-¡ya no importa! Eso ya paso hace 5 años –tome mi maleta y subí
a mi recamara azotando la puerta, aventé la maleta y me senté en mi cama
mirando el piso, aun no dejaba de llorar en eso mire mi tocador y vi entre mis
fotos que tenía en el espejo una que para mí era muy especial, Paul, mi hermoso
Paul y yo en la casa de nuestro amigo John, nos la tomo la madre de John y
desde entonces la tenía ahí para verla todos los días. Me extrañe de que no la
quitara nadie, eso quería decir que respetaron mi recamara tal y como la deje,
de inmediato me hinque y mire por debajo de la cama para ver si aún seguía mi
cajita especial y si ahí estaba, hasta el fondo de mi cama, con trabajos la
saque y la desempolve, la tome y me senté en la cama poniendo la caja sobre mis
piernas, me salió una pequeña risa al ver todas las frases escritas que tenía
esa caja por fuera, de mí, de mis amigos y de Paul. La abrí poco a poco y me
encontré con toda clase de objetos y recuerdos, fotos y más fotos con mis
amigos, las boberías que John me regalaba y las cartas de Paul, las amaba con
todo mi corazón lo extrañaba. Me recosté boca abajo en la cama y tome cada una
de las cosas para verlas y leerlas con detenimiento y para volverme a acordar
de aquellos tiempos tan hermosos para mí, no pude evitar llorar. Cuando termine
de ver todo aquello me recosté boca arriba y comencé a pensar en mi padre y me
sentí mal el no poderlo ver antes de que… pedirle perdón por todas las cosas
que le dije cuando me mandaron al internado y por las que le dije cuando me
prohibió con todas sus letras el seguir viendo a Paul. Comencé a llorar al
acordarme de lo bueno que pase con él, mi niñez sobre todo pero que se le podía
hacer el ya no estaba aquí a mi lado y me dolía el recordar lo mal que quedamos
la última vez que nos vimos. Esa tarde cuando termine de comer fui a buscar a
mi amiga Stacy pero me topé con la sorpresa de que ya no vivía ahí, era
increíble que en 6 años todo cambiara por completo, comencé a caminar
temerosamente hacia la casa de Paul, tenía que verlo me moría de ganas por
volverlo a ver. Al llegar me detuve frente a la puerta y me acerque lentamente,
toque tímidamente y me abrió el señor James McCartney, su padre.
